martes, 13 de octubre de 2009

Historia Gastronómica del matambre a la leche


Por tradición o por hábito, Uruguay ha sido siempre de los países con mayor consumo de carne por persona, debido en parte a la abundancia del ganado vacuno, que se reprodujo ampliamente por las condiciones favorables de las pasturas del territorio.
Al principio, la explotación de esta inmensa riqueza (la abundancia de ganado vacuno) fue insensata. Se aprovechaban las pieles y las lenguas, que en este último caso eran exportadas en barriles conservadas en salmuera. El resto, salvo algunos bocados que cortaba el gaucho para su consumo, se abandonaba sobre el terreno para las aves carroñeras.
Uno de los platos preferidos por los gauchos en el siglo XIX era el matambre, catalogado desde entonces en plato nacional.
El matambre es una capa delgada de músculo que nace pegada al cuero en los flancos del animal y en el costillar. Al principio se cocinaba asado directamente sobre la ceniza de una hoguera improvisada en un hoyo. Hoy existen, en cambio, múltiples maneras de prepararlo: simple o relleno, asado (a la parrilla) o al pincho, al horno, cocido en agua o hervido en leche. Se conserva bien y suele consumirse como fiambre.
Nos vamos a centrar en el matambre a la leche el cual, nombre que fue asignado debido a que se le agrega leche para tiernizarlo.
Unas décadas después de haberse empezado a consumir el matambre, se comenzó a buscar distintos líquidos con el fin de tiernizar la carne vacuna, dado que esta era insulsa y sin sabor (a excepción de la sal), así fue que se llegó a la leche (la cual luego se descubrió que aportaba también calcio, lípidos, proteínas, carbohidratos y sodio). En ese momento se resolvió lo insulso del matambre, pero faltaba resolver la falta de sabor, fue entonces que se comenzó a probar con distintas plantas que se iban encontrando en los campos hasta así llegar al orégano.
En mi opinión se tuvo que haber experimentado con las cantidades de matambre, leche y demás para que su combinación resultara agradable al paladar, ya que por ejemplo si nosotros ponemos sal o pimienta en demasía, el matambre queda con un gusto insulso, y lo mismo sucede en el caso contrario (poca sal o pimienta).

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